A la sombra de un acebuche
me protego de un frio polar
que me acecha cuando madrugo
y subo una cuesta eterna
con fantasmas que la contemplan
y susurran
al oído de los pájaros muertos,
de frio,
que no hay sitios después de la cuesta,
que me quede escondida, al paso de un caballo a galope,
que me lleve
que me lleva a ningún sitio.
Escondido.
Al abrigo de una manta de olivos.
1 comentarios:
Fantasmas embusteros... ¡Siempre hay sitios después de la cuesta!
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